jueves, 30 de junio de 2011

ACERCA DE LA LEY DE EXTRANJERIZACION DE TIERRAS


El 27 de abril del corriente año el gobierno nacional envió al Congreso de la Nación el proyecto de Ley de extranjerización de tierras, luego de que se amontonaran muchísimas iniciativas de legisladores y de la Federación Agraria Argentina. Como se señala en los considerandos del mensaje remitido al Congreso, a través de esta herramienta largamente reclamada se pretende “limitar el proceso de concentración de grandes extensiones de tierras en manos de capitales financieros”, que podría comprometer gravemente “el desarrollo, la soberanía nacional y la titularidad del pueblo argentino sobre sus recursos estratégicos no renovables”.

Mientras está ley está siendo debatida en la Cámara de Diputados de la Nación, la especulación con grandes extensiones de tierras argentinas es escandalosa.

El día martes 14 de junio el famoso diario británico “The Financial Times” publicó un aviso de venta de 1 millón de acres en la provincia de San Juan. Debe señalarse que esta unidad de medida -utilizada fundamentalmente en Gran Bretaña y los Estados Unidos- equivaldría a más de 400 mil hectáreas.

El citado aviso, publicado en la página 8 del diario, es patrocinado por Savills, un famoso agente inmobiliario londinense, y Gateway to Southamerica, agente internacional con oficinas en Buenos Aires que se especializa en el comercio de tierras en el cono sur de América latina.

Se trata de la “Estancia Punta del Agua”, con una superficie de 4 mil kilómetros cuadrados, ubicada a 38 Km. de Huaco y 200 Km. de la ciudad de San Juan, e integrada al estratégico corredor bioceánico Brasil-Argentina- Chile. Dichas tierras ocupan la mitad del departamento sanjuanino de Jáchal, contienen los cursos de los ríos Huaco y Jachal, entre otros recursos estratégicos.

En las páginas webs oficiales de esta empresa inmobiliaria británica, cuyo primer ministro no tiene temor a decir que Malvinas es una cuestión terminada, se señala el potencial de estas tierras para el desarrollo de la agricultura, la ganadería, el desarrollo de biocombustibles y energías renovables, la minería y el turismo (las tierras son próximas al Valle de la Luna, patrimonio de la humanidad declarado por UNESCO). Asimismo, el Sr. Ken Jones, uno de los máximos ejecutivos de la firma Savills en Londres, declara en la web de la compañía británica que se trata de la mayor extensión de tierras rurales que jamás ha salido al mercado privado en el mundo, y confía en el interés que esto despertará en los potenciales compradores del mercado europeo y asiático. Para que los interesados tengan dimensión de la extensión de las tierras, Savills promociona la Estancia como equivalente a 3,5 veces el territorio de la ex colonia británica de Hong Kong, y equivalente al condado inglés de Kent, habitado por 1,5 millones de personas al sureste de Londres en el Reino Unido.

Para tener referencias más próximas a nuestra realidad nacional, se trataría de un terreno equivalente al 20% de la provincia de Tucumán, a 20 veces las dimensiones de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires, o a más de dos veces el Departamento Rosario (1,5 millones de habitantes en 24 municipios y comunas).

Según estimaciones de la Federación Agraria Argentina en la República Argentina existen unas 20 millones de hectáreas en manos de extranjeros, sobre un total de 180 millones de hectáreas productivas con las que cuenta el país. Es decir, que el 12% de la tierra argentina se encuentra en manos extranjeras, en un proceso de extranjerización que se ha venido acelerando en los últimos años al calor de la devaluación, las crisis y la apreciación del valor de la soja en los mercados mundiales.

Hay casos paradigmáticos que hablan a las claras de la situación de desprotección de nuestras riquezas y recursos naturales no renovables que deberían preservarse en cuanto patrimonio nacional: los esteros del Iberá y el acuífero Guaraní en manos del empresario inglés Douglas Tomkins, las 970 mil hectáreas patagónicas en manos de Benetton, el Lago Escondido secuestrado en las tierras del ingles Lewis en El Bolsón, las 408 mil hectáreas en manos de una empresa italiana en La Rioja, las 250 mil hectáreas en manos de intereses malayos en Mendoza, son sólo algunos ejemplos.

Es imprescindible por ello abordar en forma urgente el tema de la tenencia y uso de la tierra en la República Argentina, y sancionar una ley que limite la tenencia y adquisición de tierras por parte de extranjeros que goce con un amplio consenso. Tema que por su trascendencia e interés nacional debe asimismo detraerse de la compulsa electoral.














martes, 3 de mayo de 2011

HISTORIAS DE SANTA FE VI

LA MUJER DEL FUERTE



El primer establecimiento europeo en nuestro país, llamado Sancti Spiritus, fue fundado por Sebastián Gaboto el 11 de mayo de 1527, a orillas de la desembocadura del río Carcarañá en el río Coronda, donde hoy se encuentra la ciudad de Puerto Gaboto.

Desde esa fecha y por más de dos años, españoles y timbúes convivieron en forma pacífica, hasta que en setiembre de 1529, pocos días después de partir Gaboto a una expedición, tuvo lugar el asalto, incendio y destrucción del fuerte.

La única versión que hasta nuestros días se ha contado de lo ocurrido esa noche de setiembre de 1529 en Sancti Spiritus, es la dada a través de la leyenda de Lucía Miranda. Allí se narra que entre los timbúes, habitantes de la región donde se construyó el fuerte, vivían dos caciques hermanos: Mangoré, que resaltaba por sus aspectos nobles y su gran belleza física y Siripo, inteligente y astuto, pero menos dotado que su hermano mayor a quién Siripo envidia y cela.

Mangoré se había enamorado de una mujer española que vivía en la fortaleza, llamada Lucía Miranda, una mujer bastante excepcional para su tiempo, hija de un hidalgo español y de una morisca que había sido educada por Fray Pablo, integrante de la expedición de Gaboto en calidad de misionero. Lucía, enamorada y casada con Sebastián Hurtado, también viaja con su esposo en la expedición, con la intención de establecerse definitivamente en el nuevo mundo.

El cacique Mangoré, héroe romántico que está dispuesto a sacrificarlo todo por el amor a Lucía, decide raptarla, pidiéndole ayuda a su hermano Siripo. Aprovechando la salida de varios españoles, entre ellos el marido de Lucía, Mangoré ingresa al fuerte para ofrecerles comida a los españoles junto a treinta hombres, quienes agradecidos lo hospedan en el fuerte por aquella noche. Cuando todos duermen, Mangoré abre las puertas del fuerte para dejar pasar a los cuatro mil hombres que esperaban emboscados fuera de la fortaleza. Muy pocos españoles sobreviven a la matanza escapando hacia los barcos.

Mangoré muere en el ataque y sólo quedan con vida en el fuerte cinco mujeres, entre las cuales estaba Lucía Miranda, Siripo, aprovecha la muerte de su hermano y se lleva a Lucía a su tribu, haciéndola su esposa. Pasado un tiempo, Siripo junto a unos guerreros toman cautivo a Sebastián Hurtado, el marido de Lucía, que viendo el fuerte destruido, decide buscar a su mujer y quedarse prisionero de los timbúes, con tal de estar junto a ella. Siripo, ordena que lo ejecuten, pero Lucía ruega por la vida de su marido y Siripo lo toma como esclavo, bajo la promesa de ambos de nunca tomar contacto entre ellos.

Así, frente a la horrible condición que les impusiera Siripo, los enamorados esposos no pueden verse más que de lejos; pero ellos inventan un medio de hacer menos horrible su separación, escribiéndose mutuamente. Sebastián había podido hacer llegar a manos de Lucía la mitad de su cartera. Lucía, por su parte, había escogido un árbol para sentarse después de un pequeño paseo que todos los días daba acompañada del cacique y de varias mujeres de su servicio. Sentada allí, al pie del árbol, introducía en la cavidad de su tronco la carta para Sebastián, y después como jugando con las hojas secas, cubría esta abertura de modo que era imposible sospechar de tan inocente estratagema. Sebastián corría por la noche al sitio indicado, tomaba la carta de su esposa, y ponía otra en su lugar.

Al enterarse que Lucía y su esposo se comunicaban a escondidas, preso de rabia, Siripo ordena que se arme una gran pira de madera sobre la que Lucía Miranda muere quemada.


Es probable que la leyenda de Lucía Miranda haya sido una de las fuentes de inspiración de “La Tempestad”, última obra de Shakespeare. Igual que en la leyenda de Lucía Miranda, La Tempestad es un relato de traiciones. En la obra, Próspero, que tiene una hija llamada “Miranda” es el duque legítimo de Milán y es traicionado por su hermano Antonio, quién le usurpa el ducado. También, igual que Siripo que perdona la vida de Hurtado, frente a los ruegos de Lucía,"La tempestad" finaliza con un epílogo recitado por Próspero donde reclama perdonar al traidor que se apoderó de su título.

La historia de Lucía Miranda aparece por primera vez en la novela “La Argentina manuscrita”, en 1612, de Ruy Díaz de Guzmán. Sin embargo, a fines del siglo XIX, el autor de la Historia del Puerto de Buenos Aires, Eduardo Madero, demostró la absoluta carencia de fondo histórico que tiene esta leyenda. Aunque ella sí tiene un fondo cultural: la relación entre los españoles e indígenas, y la lucha por la tierra.

Quizás, Guzmán, que tenia a su cargo el relato de los acontecimientos del nuevo mundo, quiso humanizar con una historia de amor las atrocidades de la conquista y se inspiró en la Ilíada de Homero y el rapto de Helena.

Lo más probable es que, tanto el final de Troya, como el de Santic Spíritus, incendiadas para recuperar a Helena a Lucía respectivamente, sean solo sueños de quienes los crearon y que como nos dice Shakespeare en el más personal de sus dramas y que parece reflejar el pensamiento más profundo del dramaturgo: "Somos de la misma sustancia de la que están hechos los sueños, y nuestra breve vida está rodeada de un sueño" (La Tempestad, acto IV).


jueves, 31 de marzo de 2011

HISTORIAS DE SANTA FE V

"LAS COLINAS DEL HAMBRE"


Rosa Wernicke, poeta y dramaturga, nació en 1907 en Buenos Aires, y luego de pasar por Córdoba y Santiago del Estero, se instaló definitivamente en Rosario en 1934. “Siempre había deseado vivir a la vera de un gran río y aquí se cumplió su destino”, dijo una de sus amigas.

Con sólo 26 años publica en Córdoba su primer libro, “En los albores de la paz”. Le siguieron, ya en Rosario, dos libros de cuentos: “Treinta dineros” (1938) e “Isla de angustia” (1941); ambos con muy buena recepción en los ámbitos literarios. Una crítica de la época publicada en el diario La Prensa la elogiará diciendo que “la autora tiene hondura psicológica y sobre todo fina comprensión de los matices más sutiles del alma humana”.

Su consagración llegará con su última obra, “Las colinas del hambre”, publicada en 1943 por la ya desaparecida editorial Claridad, con ilustraciones de su compañero de vida, el famoso pintor rosarino Julio Vanzo. Dicha obra ganará el prestigioso premio “Legado Manuel Musto”.

La premiada novela transcurre en una villa miseria instalada sobre un basural municipal en las zonas aledañas del antiguo Matadero, origen de lo que hoy es el barrio Tablada de la ciudad de Rosario. El basural había comenzado a formarse en el bajo Ayolas, en los terrenos lindantes a las dos barrancas del río, entre fines del siglo XIX y comienzos del XX. Su concesionario exclusivo era el español Jesús Pérez. Muy cerca de allí, en Ayolas y Convención, el genial Antonio Berni inició sus famosos collages.

La autora ofrece un crudo testimonio de la dolorosa realidad de la miseria y la marginación, contracara de la opulencia fruto del progreso industrial de los centros urbanos que crecían al calor de un país que se insertaba en el capitalismo mundial, y todo un llamado de atención a una sociedad que elegía mirar para otro lado.

“La ciudad parecía avergonzarse de aquel pulmón enfermo del barrio Mataderos, en donde pululaban millares de criaturas con su miseria y su orfandad. Estaban allí, olvidados en medio del febril progreso”, escribe Wernicke e ingresa en ese mundo de miseria y desigualdad, a través de las historias de un conjunto de personajes.

Así aparecen Manuel Fernández, el concesionario del basural, quien dispone de “un ejército compuesto por hombres, mujeres y niños dedicados a escarbar en la inmundicia”; Joaquín Videla, dueño de una fábrica de jabón, y sus hijos; Fuentes, escritor aficionado, su hermano Martín, personaje con una clara conciencia de clase; Cándida, y el ingeniero Tito Ilergetes, entre muchos otros.

La novela es también un brillante alegato a favor de la protección de la infancia que, por momentos, conserva una asombrosa y triste actualidad. Al respecto, Rosa escribía que "los niños de casillas de chapa y cartón, techos de zinc y pisos de tierra, mugre, napas contaminadas son chicos, demasiados chicos para sobrevivir en un mundo donde las carencias que padecen son múltiples, expuestos a los males propios de los excluidos, pero además son muy vulnerables pues dependen de otros, por lo menos hasta alcanzar la fuerza de convertirse en chicos de la calle. La pésima alimentación, comiendo muchas veces restos de basura, el abandono familiar, la falta de contención, y la convivencia con el delito los subordina a la desconfianza y la marginación del resto de la sociedad".

La obra se iniciaba con una advertencia: “Todos los personajes que aparecen en esta novela son ficticios y no se identifican con ninguna persona de la realidad”. Sin embargo, la reseña publicada en el diario La Capital del 26 de diciembre de 1943 sostenía que “nada en el curso del relato se adivina como obra de ficción”. Aparentemente, el referido concesionario del basural, lo entendió así. La leyenda popular afirma que el español José Perez, al sentirse aludido por el personaje de Manuel Fernández, decidió comprar todos los ejemplares de la primera edición, que al poco de salir se agotó.

Rosa falleció en 1971 en Rosario. Una calle de la ciudad que tanto quiso lleva su nombre: aquella que corre de Norte a Sur entre calle Lola Mora y un espacio verde, paralela a calle Abanderado Grandoli a la altura del 4600.

También su figura trasciende en muchas pinturas del artista plástico rosarino Julio Vanzo, que plasman su figura evocando la admiración de este pintor por su compañera en el arte y en la vida, algunas de las cuales pueden apreciarse en museos de la provincia como el Juan Castagnino de Rosario.

Y sobre todo en su gran obra, “La colina del hambre”, que sin dudas se erige, junto a otros clásicos de Leónidas Barletta, Alvaro Yunque y Elías Castelnuovo, en uno de los máximos exponentes de la “novela social” en la República Argentina.