viernes, 13 de septiembre de 2013

LA BAJA DE LA EDAD DE IMPUTABILIDAD Y LOS CAZAVOTOS

Se ha instalado, como en otras oportunidades, el debate sobre la baja de la edad de la imputabilidad de los menores. Y como en tantas otras oportunidades el debate se da mal, intencionadamente. Alguna vez se dio ante un hecho dramático, hoy se dispara por necesidades electorales de candidatos para congraciarse con la opinión pública y subir algún punto en las encuestas.
 
El socialismo se opone a la baja de la edad de imputabilidad, porque los menores, precisamente por serlo, necesitan un tratamiento diferenciado de los mayores. El socialismo impulsa un Régimen Especial Juvenil de tratamiento del delito que no los exime de responsabilidad y sí establece jueces y fiscales especiales, institutos especiales y penas acordes a su realidad, como lo aprobamos en el Senado y nunca quiso tratarlo el oficialismo en la Cámara de Diputados. Llama la atención que sea el mismo oficialismo el que hoy dispara el debate.
 
Nuestro país se comprometió, por ser firmante de la Convención de los Derechos del Niño, a sancionar un Régimen Especial Juvenil y a designar al Defensor de los Derechos de los Niños, Niñas y Adolescentes; además de este incumplimiento, la Comisión Interamericana de Derechos Humanos condenó al Estado Argentino por tener a dos jóvenes de 16 años en cadena perpetua con un régimen vigente de la época de la dictadura.
 
Argentina padece un profundo problema de exclusión social que se refleja en millones de jóvenes que no estudian ni trabajan, y viven en condiciones de marginalidad, privados absolutamente de todo. El verdadero problema se asume atacando sus causas. Para ser duros con las causas del problema debe haber un fuerte y mayor compromiso en el desarrollo de políticas de estado nacionales, provinciales y municipales hacia la adolescencia y la juventud a través de la educación, la cultura la salud y el trabajo.
 
Ningún pibe nace chorro, como dice la canción, “un mimo y un libro a tiempo puede más que tu temor”

jueves, 5 de septiembre de 2013

LA GUERRA Y LA PAZ

En una carta enviada desde Rusia a Mahatma Gandhi el 7 de septiembre de 1910, León Tolstoi coincidía con la experiencia de la no violencia que el Mahatma estaba desarrollando en la India y que culminaría décadas después con el triunfo sobre el ejército más poderoso de la tierra que era el de Gran Bretaña.
 
Gandhi liberó a la India sin armas, sin tirar un solo tiro, con un telar y una cabra, movilizando las explotadas energías de todo un pueblo.
 
Hoy el mundo asiste absorto al retumbar de los tambores de la guerra. Como ayer fueron Afganistán e Irak, hoy lo es Siria.
 
El régimen de Al Assad es un régimen corrupto, una dictadura sangrienta, pero sabemos que cuando los misiles caigan sobre Damasco morirán miles de niños, mujeres y ancianos inocentes.
La diferencia clara entre la guerra y la paz es la misma que separa la vida de la muerte.
 
En 2010 el presidente Barack Obama recibía el Nobel de la Paz “por sus extraordinarios esfuerzos para fortalecer la diplomacia internacional y la cooperación entre los pueblos”. Se viven horas decisivas, que pondrán en tela de juicio dicha resolución.

jueves, 15 de agosto de 2013

EL DIPUTRUCHO Y LA TRAGEDIA DE ROSARIO

Algunos lo recuerdan, muchos quisieran que se olvide para siempre. El 26 de marzo de 1992, la Cámara de Diputados de la Nación aprobaba la privatización de Gas del Estado a través de uno de los más grandes hechos delictivos en la historia del Congreso de la Nación: el caso del DIPUTRUCHO.
 
El menemismo, al no conseguir el quorum reglamentario, sentó en una banca vacía a un anciano asesor del diputado Julio Maguid y aprobó así escandalosamente la privatización de Gas del Estado
Gas del Estado, que era en ese momento la tercera empresa de explotación de gas en el mundo, se desmantelaba por orden del Banco Mundial y en sintonía con los preceptos del “Consenso de Washington” era entregaba a empresas extranjeras, retirando al Estado de su responsabilidad
La tragedia de mi ciudad, junto al dolor y las inconmensurables muestras de solidaridad, pone en foco el tema de las responsabilidades.
En aquella oportunidad, la de la sesión trucha, la ley ni siquiera se anuló, y el único preso fue el anciano que se sentó en la banca, el diputrucho.
 
Frente a esta terrible tragedia que enluta a Rosario, y junto a la prioridad que expresa la necesaria respuesta desde el Estado hacia los damnificados (muchos de los cuales han perdido todo), la justicia debe desentrañar toda la cadena de responsabilidades de la tragedia, que ha desnudado una vez más la falta de controles adecuados y el accionar en muchos casos negligente e irresponsable de las empresas prestadoras de servicios públicos esenciales.