
Gandhi liberó a la
India sin armas, sin tirar un solo tiro, con un telar y una cabra, movilizando
las explotadas energías de todo un pueblo.
Hoy el mundo asiste
absorto al retumbar de los tambores de la guerra. Como ayer fueron Afganistán e
Irak, hoy lo es Siria.
El régimen de Al Assad
es un régimen corrupto, una dictadura sangrienta, pero sabemos que cuando los misiles
caigan sobre Damasco morirán miles de niños, mujeres y ancianos inocentes.
La diferencia clara
entre la guerra y la paz es la misma que separa la vida de la muerte.
En 2010 el presidente
Barack Obama recibía el Nobel de la Paz “por sus extraordinarios esfuerzos para
fortalecer la diplomacia internacional y la cooperación entre los pueblos”. Se viven
horas decisivas, que pondrán en tela de juicio dicha resolución.