Discurso del Senador Rubén
Giustiniani en la inauguración del primer monumento a Alfredo Palacios en Rosario
(23 de septiembre del 2013)

Que adelantado
Palacios, ese joven diputado que ingresó al Congreso de La Nación en 1905 por
el voto de los ciudadanos del barrio de La Boca, que puso un cartelito cuando
se recibió de abogado en su estudio en La Boca que decía “Alfredo Lorenzo Palacios, Abogado, se atiende gratis a los pobres”.
Porque Alfredo Palacios desde su misma juventud eligió el lugar para luchar
contra la pobreza en la República Argentina, a favor de los desheredados, a
favor de los trabajadores, y por eso su primera gran obra fue esa tesis para
recibirse de abogado, en una Argentina que crecía y que era potencia, que se
desarrollaba y se insertaba en el sistema capitalista, esa Argentina de la súper
explotación de los niños y de las mujeres en las fábricas, y de los
trabajadores en el puerto de La Boca, esa obra que se llamó “La Miseria en la
República Argentina”.
En el marco de una
Argentina que no quería escuchar que se hablara de los pobres, Palacios dio
respuesta contra esa explotación. Por eso, sus primeras leyes que arrancó a ese
Congreso fue el agua para los conventillos, esos conventillos que son las
villas miserias de hoy, por eso esas leyes de Palacios, como la Ley de la Silla
para que se sentaran las mujeres que trabajaban 15 horas en las fábricas
textiles, contra el trabajo de los niños que eran explotados en esas fábricas,
el impuesto a la herencia, porque Palacios denunciaba este sistema que cada vez
hace más ricos a los ricos y cada vez más pobres a los pobres. Que vigencia de
su pensamiento y de su acción, por eso la ley contra la trata de personas fue
un gran avance para combatir ese flagelo.
Ese es el homenaje que
hoy le rendimos a Alfredo Palacios, no solamente para traer su figura a estas
calles de Rosario que es muy importante. A esta Facultad, a esta esquina
Alfredo Palacios muy cerca de la Casa del Pueblo en la que estuvo muchas veces en
las que habrá recorrido seguramente estas veredas. Y cuando le rendimos este
homenaje en la puerta de la Facultad de Derecho, recordamos también al maestro
de la juventud, quien fue reconocido por los estudiantes de América Latina como
su representante, porque después de haber sido Decano y después de haber sido
Rector y Presidente de la Universidad de La Plata, Alfredo Palacios dedicó su
vida a la educación y a la juventud.
Esto es lo que
rescatamos de este gran hombre, sus grandes leyes que significaron el inicio de
la justicia social en la República Argentina, porque con Palacios llegó la
cuestión social al Parlamento argentino. De esta manera queríamos significar
este emplazamiento, para que cuando nos pregunten los niños y los jóvenes quien
es este señor, podamos decirles Alfredo Palacios el gran socialista de
Argentina y de América Latina.
Junto con Alicia Moreau
de Justo decimos “lo consagró el pueblo
al cual tanto amo, en quien confió en lo más duros trances, para siempre su
recuerdo vivirá unido indisolublemente a la defensa de la democracia, erguido
ante las dictaduras, abierto los brazos a la masa desheredada, la frente
mirando al porvenir que, para él, toma el nombre de socialismo”.